La información difundida por OkDiario vuelve a poner el foco en una norma que muchos tutores conocen de forma incompleta: la Ley 7/2023, de protección de los derechos y el bienestar de los animales, prohíbe emplear herramientas de manejo que puedan provocar lesiones o dolor. Entre las citadas expresamente están los collares de ahorque, de pinchos y eléctricos.
La lectura práctica no debería ser «todos los collares son ilegales» ni tampoco «solo hay que cambiar de accesorio para evitar una multa». La cuestión esencial es otra: el paseo, la educación y la contención de un perro deben realizarse sin recurrir al dolor, el miedo o la asfixia como método de control.
Qué prohíbe exactamente la Ley de Bienestar Animal
El artículo 27 de la Ley 7/2023 establece la prohibición de usar cualquier herramienta de manejo que pueda causar lesiones o dolor al animal y menciona, de forma específica, los collares de ahorque, de pinchos y eléctricos. Es relevante porque la lista no debe entenderse como una autorización implícita para utilizar cualquier otro producto: el criterio central es el daño o dolor que pueda causar.
Collares de ahorque o estrangulamiento
Son los que se cierran y ejercen presión creciente sobre el cuello cuando el perro tira. Aunque se hayan comercializado durante años como collares de adiestramiento, su funcionamiento se basa precisamente en generar una sensación aversiva. El riesgo no es únicamente conductual: la presión repetida puede afectar a estructuras delicadas del cuello, especialmente en perros pequeños, braquicéfalos, cachorros o animales con problemas respiratorios.
Collares de pinchos
Incorporan eslabones con puntas orientadas hacia el cuello. Se usan para que el tirón implique una molestia intensa y frene la conducta. Que el perro deje de tirar no demuestra que haya aprendido a pasear: puede haber evitado el dolor, aumentado su estado de alerta o asociado estímulos del entorno —otros perros, bicicletas o personas— con una experiencia desagradable.
Collares eléctricos
Los modelos con descarga, vibración aversiva o estímulos destinados a corregir al animal también entran en el foco de la prohibición cuando se emplean como herramienta de castigo o causan dolor. Además de la posible infracción, su uso sin una evaluación profesional puede empeorar miedos, reactividad o agresividad por asociación.
La multa no es automática: por qué importa conocer el régimen sancionador
El titular sobre sanciones es útil para llamar la atención, pero conviene no convertirlo en un mensaje simplista. Una multa no aparece de manera automática por el mero hecho de que alguien vea a un perro con un accesorio determinado. La autoridad competente debe valorar los hechos, las pruebas, el riesgo o daño causado, la reincidencia y el marco aplicable.
La Ley 7/2023 contempla sanciones económicas que pueden ir desde 500 euros para infracciones leves, superar los 10.000 euros en infracciones graves y alcanzar cuantías mucho mayores en supuestos muy graves. No obstante, la calificación concreta depende del expediente y de la conducta acreditada. También pueden intervenir las normas autonómicas y ordenanzas locales, que pueden complementar el régimen estatal en materias de protección animal.
Para un tutor responsable, la conclusión no debe ser buscar el límite de lo sancionable, sino retirar herramientas cuyo diseño se apoya en la coerción. Conservar facturas, consultar la descripción real del producto y pedir asesoramiento si existen dudas es sensato, sobre todo ante artículos vendidos con nombres ambiguos como «correctores», «de entrenamiento» o «anti-tirones».
Lo que cambia para los propietarios de perros en el paseo
El cambio más importante es de enfoque. Un perro que tira no necesita necesariamente un accesorio más duro; necesita identificar la causa del tirón y trabajar una alternativa que pueda repetir en la calle.
Puede tirar por excitación, falta de habituación a la correa, miedo, frustración, deseo de saludar, exceso de energía acumulada o porque ha aprendido que tensar la correa le permite avanzar. En cada caso, aplicar dolor puede interrumpir momentáneamente la conducta, pero no resuelve su origen.
Alternativas seguras al collar aversivo
Un arnés bien ajustado, preferiblemente con una anatomía que deje libres los hombros y no roce las axilas, suele ser una opción útil para muchos perros. En perros que tiran mucho, un arnés con enganche frontal puede facilitar la gestión temporal, siempre acompañado de enseñanza y sin tirones bruscos. No debe utilizarse para forzar giros ni para mantener al perro con tensión constante.
Un collar plano, ancho y ajustado de manera adecuada puede servir para perros que caminan sin presión sobre la correa. Como referencia práctica, deben poder introducirse uno o dos dedos entre el cuello y el collar, aunque el ajuste correcto depende del modelo y del tamaño del animal. Para razas de cuello delicado, perros con tos, colapso traqueal o dificultades respiratorias, el arnés suele ser preferible; el veterinario puede orientar en casos clínicos.
La correa también influye. Una correa fija de longitud suficiente permite comunicar mejor los movimientos que una extensible mal gestionada. Las correas extensibles no son necesariamente ilegales, pero pueden dificultar el control en aceras, cruces o encuentros imprevistos; su uso exige valorar el entorno y el comportamiento del perro.
Un plan práctico para dejar de depender del castigo
Cambiar de material sin cambiar la rutina puede generar frustración. Para avanzar de forma realista, prueba este protocolo:
- Revisa el equipo actual. Retira collares de ahorque, pinchos y eléctricos. Comprueba que el arnés no limita las patas delanteras, no comprime el cuello y no produce rozaduras.
- Reduce la dificultad. Empieza a entrenar en casa, portal o calles tranquilas antes de pedir al perro que camine junto a ti en una zona llena de estímulos.
- Premia la correa floja. Cada vez que el perro camine con holgura, marca la conducta con una palabra breve —por ejemplo, «bien»— y entrega una recompensa que le resulte valiosa.
- Evita que tirar sea eficaz. Si la correa se tensa, detente o cambia suavemente de dirección. Cuando recupere la holgura, continúa. La clave es la constancia, no dar tirones de vuelta.
- Atiende sus necesidades antes del paseo. Olfatear, explorar y tener momentos de libertad controlada no son premios superfluos: reducen frustración y mejoran la calidad del paseo.
- Pide ayuda cualificada si hay miedo o reactividad. Ante ladridos, embestidas, pánico, intentos de morder o una imposibilidad sostenida de salir, contacta con un educador canino que trabaje con métodos respetuosos y, si procede, con un veterinario especialista en comportamiento.
Una oportunidad para mejorar el bienestar, no solo para cumplir la norma
La prohibición tiene implicaciones directas para tiendas, peluquerías, residencias, paseadores y educadores caninos. Los comercios deben revisar su catálogo y explicar claramente la finalidad de los productos. Los profesionales, por su parte, han de actualizar protocolos de manejo y evitar recomendar soluciones que convierten una dificultad de aprendizaje en una experiencia dolorosa.
Para las familias, el mensaje es muy concreto: el paseo seguro no se consigue imponiendo inmovilidad ni castigando cada tirón. Se construye con equipo adecuado, prevención, aprendizaje gradual y atención a las señales del perro. Cumplir la ley y cuidar mejor al animal, en este caso, van en la misma dirección.
FAQ
¿Están prohibidos todos los collares para perros?
No. La ley no prohíbe de forma general los collares convencionales. Prohíbe herramientas que puedan causar dolor o lesiones y cita expresamente los collares de ahorque, de pinchos y eléctricos. Un collar plano correctamente ajustado puede utilizarse si no provoca daño ni se usa mediante tirones.
¿Puedo usar un arnés anti-tirones?
Sí, siempre que esté bien diseñado, correctamente ajustado y no cause molestias, rozaduras o limitación de movimiento. El arnés es una ayuda de manejo, no sustituye el aprendizaje de caminar con la correa floja.
¿Qué multa puede haber por utilizar un collar prohibido?
La cuantía depende de cómo se califiquen los hechos en el expediente sancionador, de las pruebas y de la normativa aplicable. La Ley 7/2023 contempla multas desde 500 euros para infracciones leves y cuantías superiores para infracciones graves o muy graves. No debe asumirse una cifra única para todos los casos.
Mi perro tira mucho: ¿qué hago si no puedo usar un collar de ahorque?
Empieza con un arnés adecuado, reduce los estímulos del recorrido y recompensa la correa floja de forma constante. Si existen reacciones intensas, miedo, agresividad o riesgo para terceros, busca la intervención de un profesional de la educación canina respetuosa y de un veterinario cuando sea necesario.
Fuente: OkDiario — Sat, 24 Oct 2026 23:49:00 GMT