La noticia publicada por Clarín vuelve a poner el foco en una norma que todavía genera dudas entre muchos cuidadores: la Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales prohíbe mantener de forma habitual a perros y gatos en terrazas, balcones, azoteas, patios, trasteros, sótanos, espacios similares o vehículos.
La clave está precisamente en esas dos palabras: de forma habitual. La norma no significa que un perro no pueda salir unos minutos al balcón a tomar el aire, acompañar a su familia en la terraza o disfrutar de una zona exterior segura y supervisada. Lo que impide es convertir ese espacio en su lugar de vida permanente o principal. Para un perro, una terraza no sustituye la convivencia en el hogar, los paseos, el enriquecimiento ambiental ni el contacto social diario.
Qué prohíbe exactamente la Ley de Bienestar Animal
La Ley 7/2023 establece obligaciones concretas para quienes conviven con animales de compañía. Entre las prohibiciones generales figura mantener habitualmente a perros y gatos en terrazas, balcones, azoteas, patios, trasteros, sótanos o vehículos. La medida responde a una realidad frecuente: animales aislados durante horas o días en espacios exteriores pequeños, expuestos al calor, al frío, al ruido y con pocas posibilidades de ejercitarse o relacionarse.
No es una regla estética ni una prohibición pensada únicamente para evitar conflictos vecinales. Es una disposición de bienestar animal. Un balcón puede ser un lugar agradable para un rato, pero suele presentar limitaciones claras para una permanencia continuada:
- Espacio insuficiente para moverse, descansar y explorar.
- Riesgo de golpes de calor por radiación solar y falta de ventilación adecuada.
- Exposición a lluvia, frío, viento y cambios bruscos de temperatura.
- Riesgo de caídas, escapes o atrapamientos si no existen cerramientos seguros.
- Mayor estrés por ruidos de tráfico, obras, peatones, otros perros o estímulos que el animal no puede gestionar.
- Menor contacto con su familia y, en consecuencia, más probabilidades de aburrimiento, ansiedad, ladridos repetitivos o conductas destructivas.
En el caso de los perros, el problema no se resuelve con dejar agua y comida disponibles. Un perro necesita convivencia, salidas para olfatear y hacer sus necesidades, actividad física ajustada a su edad y estado de salud, descanso en un lugar protegido y estimulación mental. Tener una terraza amplia puede ser una ventaja para complementar su rutina, pero no reemplaza esas necesidades.
No confundir acceso a la terraza con vivir en ella
Esta distinción es la más útil para aplicar la ley con sentido común. Un perro puede acceder a una terraza si el área es segura, si está integrado en la rutina familiar y si no queda confinado allí como norma. Por ejemplo, no es lo mismo:
Uso puntual y acompañado
Un perro sale a la terraza mientras su familia desayuna, descansa a la sombra unos minutos tras un paseo o juega con un juguete interactivo bajo supervisión. Tiene acceso real al interior de la vivienda, duerme dentro y mantiene una rutina de salidas. En este escenario, la terraza es un espacio complementario.
Confinamiento habitual
El perro pasa la mayor parte del día y la noche en el balcón porque ensucia, ladra, pierde pelo o porque se considera que “así tiene más sitio”. Aunque tenga una caseta, un cuenco de agua o varios metros cuadrados, ese patrón encaja con aquello que la norma pretende evitar, especialmente si se produce de forma continuada.
La valoración no debería reducirse a una foto puntual. Lo relevante es cómo vive realmente el animal: dónde duerme, cuánto tiempo permanece aislado, qué refugio tiene, si dispone de compañía, si sale a pasear y si su estado físico y emocional evidencia carencias.
Por qué esta prohibición tiene consecuencias prácticas para los cuidadores
La Ley de Bienestar Animal eleva el estándar de responsabilidad. Ya no basta con evitar un daño evidente; el cuidado debe cubrir las necesidades fisiológicas, sanitarias, sociales y conductuales del perro. Esto afecta a decisiones cotidianas, desde la vivienda elegida hasta la organización de la jornada laboral o las vacaciones.
Un perro que permanece solo ocho o diez horas en una terraza puede estar aparentemente tranquilo y, aun así, sufrir por temperatura, frustración o aislamiento. Las razas braquicéfalas —como bulldog francés, carlino o bóxer—, los cachorros, los perros mayores, los animales con cardiopatías y aquellos con sobrepeso son especialmente vulnerables al calor. Pero ningún perro está protegido frente a una ola de calor por el simple hecho de estar al aire libre.
También hay una dimensión vecinal. Los ladridos persistentes, los olores por falta de limpieza, la caída de objetos o el riesgo de que el animal se asome o caiga pueden motivar avisos a la comunidad, a la policía local o a los servicios municipales. Las ordenanzas de cada municipio y las normas de la comunidad de propietarios pueden añadir obligaciones, pero no pueden rebajar la protección establecida por la ley estatal.
Respecto a las sanciones, conviene evitar simplificaciones. Las infracciones y su cuantía dependen de la calificación del caso, de las pruebas disponibles y de la administración competente, que suele ser autonómica o local según el procedimiento. La Ley 7/2023 contempla multas que pueden ser relevantes, además de posibles medidas de protección para el animal cuando exista riesgo o desatención. Por eso, esperar a una denuncia no es una estrategia razonable: el objetivo debe ser corregir una situación inadecuada antes de que comprometa la salud del perro.
Cómo adaptar la vivienda sin renunciar a una terraza segura
Si la terraza forma parte de la vida familiar, puede convertirse en una zona de disfrute controlado. Estas medidas ayudan a usarla de forma responsable:
1. Garantiza que el perro vive dentro del hogar
El animal debe disponer de una zona interior de descanso, protegida y limpia, con temperatura adecuada y acceso a su familia. La terraza no debe ser su dormitorio habitual ni el lugar al que se le relega cuando molesta.
2. Refuerza la seguridad física
Instala redes, mallas o cerramientos diseñados para animales si existe riesgo de caída o escape. Revisa barandillas, huecos, macetas pesadas, productos de limpieza, plantas tóxicas y cables. No dejes al perro solo en una terraza si puede trepar, saltar o quedarse enganchado.
3. Controla el calor de verdad
La sombra no siempre basta. En verano, el suelo puede alcanzar temperaturas capaces de quemar almohadillas y el aire en un balcón cerrado puede recalentarse rápidamente. Ofrece agua fresca, evita las horas centrales y traslada al perro al interior con climatización si sube la temperatura. Jamás uses la terraza como alternativa a dejarlo dentro de casa durante una ola de calor.
4. Cubre sus necesidades fuera de casa
Un perro no “se cansa” por tener una terraza. Mantén paseos diarios de calidad, tiempo para olfatear, interacción social segura y juegos adaptados. Para muchos perros adultos, dos o tres salidas no son solo una cuestión higiénica: son una necesidad conductual.
5. Si pasas muchas horas fuera, busca apoyo
Un paseador profesional, una persona de confianza, una guardería canina seleccionada con criterio o una reorganización de horarios pueden ser soluciones más adecuadas que dejar al perro aislado en el exterior. Antes de adoptar, este punto debe valorarse con honestidad: la disponibilidad de tiempo y un espacio interior apto son parte del compromiso.
Una norma que invita a revisar hábitos, no solo a evitar multas
El valor de esta prohibición está en que obliga a cuestionar prácticas normalizadas. Dejar a un perro “en la terraza porque tiene aire” puede parecer una solución cómoda, pero puede ocultar falta de paseo, aislamiento o exposición ambiental. La convivencia responsable exige integrar al perro en la casa y planificar su cuidado, no apartarlo cuando su presencia resulta incómoda.
Para profesionales del sector —educadores caninos, veterinarios, residencias, protectoras y administradores de fincas— la noticia también es una oportunidad para informar con precisión. Conviene explicar que un uso seguro y ocasional de la terraza no es lo mismo que un alojamiento permanente, y orientar a las familias hacia soluciones que respeten tanto la norma como las necesidades individuales de cada animal.
FAQ: perros y terrazas según la Ley de Bienestar Animal
¿Está prohibido que mi perro salga al balcón o a la terraza?
No. La prohibición se refiere a mantenerlo allí de forma habitual. Puede usar una terraza de manera puntual y segura, preferiblemente supervisado, siempre que viva en el interior del hogar y tenga cubiertas sus necesidades de descanso, compañía, paseo y protección climática.
¿Puedo dejar a mi perro en la terraza mientras trabajo?
Si esa práctica es frecuente o supone que el perro pasa gran parte del día confinado en el exterior, puede ser incompatible con la ley y con su bienestar. Es preferible habilitar un espacio interior seguro y organizar paseos, visitas o apoyo profesional cuando la ausencia sea prolongada.
¿Una caseta en la terraza hace que sea legal?
No necesariamente. Una caseta puede ofrecer refugio puntual, pero no convierte una terraza en un lugar adecuado para que un perro viva de forma habitual. La norma valora el patrón de alojamiento y las condiciones reales de bienestar, no solo la presencia de un refugio.
¿Qué hago si veo a un perro viviendo permanentemente en un balcón?
Primero, si existe confianza, puede ser útil hablar con la persona responsable sin confrontación y explicar los riesgos. Si hay señales de desatención, falta de agua, exposición a temperaturas extremas, heridas o peligro inmediato, contacta con la policía local, el servicio municipal de protección animal o la autoridad competente de tu comunidad autónoma. Documenta la situación solo sin ponerte en riesgo ni invadir propiedad ajena.
Fuente: Clarin.com — Sat, 20 Jun 2026 07:00:00 GMT